martes, 28 de febrero de 2017

El Paseo


(Tema recomendado para esta lectura) - 1 -

El paso del tiempo y los años de terapia no habían impedido que el vacío que Fernando sentía en su pecho se expandiese como una galaxia en el universo de su ser.

Sentado en su banquito de madera en las penumbras del garaje de su casa, esparció un poco de limpia metales sobre una franela, lustró minuciosamente cada uno de los rayos y llantas de las ruedas y se quedó mirando una foto en blanco y negro pegada en un calendario sobre el 28 de febrero. Mostraba a una mujer sonriente, con un vestido floreado, de pelo negro, largo y lacio; sostenía un carrito de bebé.

Apoyó una esponja en la boca de un frasco de silicona, lo inclinó levemente y dejó que se embebiese casi por completo; con la precisión de un artista recorrió cada milímetro del canto de las cubiertas. Sobre la mesa de trabajo descansaba un enorme moisés de mimbre pintado de blanco que Fernando había mandado a hacer a medida. Lo tomó con las dos manos, lo acomodó en una base de caño cromada y lo fijó con correas de cuero. Entraba perfecto. Miró la hora, buscó un contacto en su celular y llamó.
—María, buenas noches, espero no haberla despertado pero quería confirmar lo de mañana; a las nueve, ¿si?
—Sí, señor Fernando, a las nueve estoy por ahí. ¿Usted está seguro que quiere que yo haga esto?, ¿a esta edad, le parece?
—Sí, María, por favor. Usted sabe lo importante que es esto para mí.
—Está bien, señor Fernando, como usted diga. A las nueve estoy por ahí, entonces.
—Gracias, María, que descanses, un beso.
Ese sábado Fernando se despertó con la salida del sol y ya no pudo dormir más. Se duchó, se afeitó, preparó una mamadera y la dejó sumergida por la mitad en un hervidor con agua caliente. Fue hasta el garage, le dio una última repasada al cochecito con la franela y volvió al comedor en donde se quedó sentado un largo rato mirando alternadamente la hora y la puerta. Finalmente vio la silueta de María a través del vidrio, se levantó y le abrió antes de que tocase el timbre.
—Venga, María, pase, ¿cómo está? —María hizo un gesto de asentimiento cerrando los ojos y apretando los labios.
—Acá está el baño, pase. Póngase esto —le dijo y le dio un vestido con estampado de flores y una peluca.
—La espero en el garage, cámbiese tranquila —agregó mientras señalaba la puerta al final del pasillo.
Fernando caminaba de un lado a otro hasta que María atravesó la puerta. Al verla se dio cuenta que el vestido le quedaba apretado y que ella se sentía incómoda. Le queda hermoso, le dijo; se acercó y le acomodó la peluca que le llegaba casi hasta la cintura.
—Acá está la mamadera para cuando llegue a la plaza, ¿sí?
—Sí, señor Fernando, como usted diga.
—Por favor, no se olvides de las canciones y de mecer el cochecito, ¿si? —María asintió.
—Y no se pare por la calle a conversar con los curiosos, ¿quiere?
—Sí, señor Fernando, como a usted le parezca.
—Y por último, présteme atención. Tenga mucho cuidado al cruzar la calle de la esquina de la iglesia ¿si?
—Claro, Señor Fernando, voy a tener cuidado. ¿Quiere que le cruce por la otra esquina mejor ?
—No, María, tiene que ser ésa.
—Sí, Señor Fernando, como usted diga.
Fernando la abrazó, le dio un beso y mirándola a los ojos le dijo: 'Gracias, María'. Se puso unos lentes de sol y con la ayuda del banco de madera se subió al cochecito, se tapó a la altura de la boca y con voz aniñada le dijo: 'Vamos a pasear’.

2

Pasó un rato buscando una posición que le resultase cómoda. Si bien había mandado a hacer el moisés a medida, su metro ochenta y cinco le impedían estar estirado. Una vez en posición, intentó adivinar por dónde iban y le pareció un juego encantador, aunque no pudiese descifrarlo. El traqueteo arrullador del carrito por la vereda, los sonidos de la calle y las siluetas de los árboles que recortaban el cielo intermitente lo transportaron a su más temprana infancia; se preguntó cómo sería haber ido en brazos de su mamá y se quedó pensando en cómo podría recrear esa experiencia. «Necesito una gigante de al menos cinco metros de altura».

El andar y el ruido de las ruedas sobre la grava le hicieron notar que ya estaban en la plaza. El carrito se detuvo debajo de un árbol y una mano se asomó con una mamadera. Fernando la agarró y se la llevó a la boca. El contacto con la goma y el tener que succionarla le pareció algo extraño, pero después de unos segundos empezó a disfrutarlo. El aire corría cálido, con aroma a pasto recién cortado.

María empezó a mecer el carrito y a cantar con voz baja y temblorosa, que se fue haciendo cada vez más dulce y melodiosa con los sucesivos compases. Un sueño plomizo lo sumergía a Fernando en el confort y la tibieza de su cuna. Miraba a los pájaros saltar de rama en rama, el canto de María de a poco se volvió celestial y un pájaro rosado con destellos anaranjados bajó de la rama de un árbol y se quedó batiendo sus alas con suavidad sobre el carrito. Fernando se sonrió, pero después de unos instantes su sonrisa se desvaneció y su mirada se volvió incrédula cuando el pájaro seguía flotando frente a sus ojos y comenzó a hablar:

—Hijito mío, ya pasó mucho tiempo desde el día del accidente y es hora de que dejes de culparte por mi muerte. Existe un orden mayor, mucho más allá de tu comprensión, por el cual las almas tienen que partir de forma precipitada, y a veces no podemos hacer nada para evitarlo. Tarde o temprano esta esquina volvería a reunirnos. Te extraño hijito...perdón —el pájaro descendió unos centímetros influenciado nuevamente por el peso de la gravedad y salió volando.

Fernando abrió los ojos y vio a María distraída, con el celular en la mano, mientras el carrito se deslizaba para atrás, hacia la calle.

—¡María! —alcanzó a gritar. Ella alzó la vista, se abalanzó sobre él y se escuchó el chirrido agudo de una frenada seguida de un bocinazo y las luces del frente de un colectivo.
Fernando despertó en la cama de un hospital. Tenía la vista algo nublada pero pudo distinguir la silueta de una mujer que se acercó, le dio un beso en la frente y lo dejó solo en la habitación. Se miró las manos de un lado y del otro y notó cierta iridiscencia en el borde de los dedos. Llegó el médico con una enfermera, le dijo algo al oído y ésta apagó los monitores y le saco el suero. Fernando preguntó cuando le iban a dar el alta pero ninguno de los dos le respondió. Odiaba a los médicos. Esperó a que salieran de la habitación, se vistió y se fue del hospital.

Cuando llegó a su casa la luz de la cocina estaba encendida. Un aroma a comida dulce, especiado y vaporoso le resultó familiar.
—María ¿sos vos?
Nadie respondió. Avanzó unos pasos y el olor se hizo mas intenso y definido. Un aluvión de recuerdos se precipitó sobre el. Se acercó hasta el umbral de la puerta y ahí estaba, revolviendo una olla con una cuchara de madera, con su vestido floreado, el pelo negro, largo y lacio, tal como él la recordaba; ella notó su presencia, se dio vuelta, lo miró con un sonrisa y con tono maternal le dijo: “hijito, te estaba esperando. ¿por qué te tardaste tanto? Perdón que no te desperté a tiempo, a veces no podemos  hacer nada para evitarlo. Te preparé tu comida preferida, sentate, ahora ya nada va a volver a separarnos”.
Onaikul

miércoles, 6 de enero de 2016

Lucy in the sky with brownies

Iba a ser raro que Nati no estuviese, ojalá nadie le preguntase por ella, pensaba Santiago mientras preparaba brownies locos para su cumpleaños. Dejó la bandeja en el horno y fue a darse una ducha. Abrió el agua caliente y esperó hasta que el baño se llenase de vapor. Sabía que era poco ecológico, pero no le importó. Al entrar en la bañera sintió el agua tibia en los tobillos, metió los dedos en la rejilla del desagüe y sacó un largo mechón de pelos; se lavó minuciosamente con jabón exfoliante, y se quedó unos minutos debajo del agua caliente.


Mientras se secaba, un mensaje fantasmagórico escrito en la condensación del espejo hizo que se le aflojaran las piernas. Quiso creer que le había bajado la presión, pero no. 'Santi te amo'. Era lo único que le quedaba de su ahora ex en la casa, y se preguntó cuánto tiempo más podría durar hasta desvanecerse.  


Santiago todavía se acostaba del lado derecho de la cama y se quedaba despierto pensando en que cosas hubiese podido decir o hacer, en que momento exacto había empezado a perderla, como si esto pudiera cambiar algo. Todas las noches una hora antes de irse a dormir, tomaba una pastilla de melatonina, 30 gotas de valeriana y un té 'Dulces sueños'. Así y todo dormía entrecortado y liviano la mayor parte de la noche. La angustia lo invadía al primer instante de conciencia y ya no podía volver a conciliar el sueño.


El mensaje en el espejo había logrado perturbarlo, los recuerdos brotaban como burbujas, y no iba a ser fácil disiparlos. Esa noche repitió la fórmula del sueño pero por duplicado: dos pastillas, 60 gotas, dos saquitos y, para asegurar, 2 pitadas de unas florcitas índicas que le habían regalado. Prendió el televisor y después de dar una vuelta por todos los canales volvió a los Simpsons, lo estaban dando en HD y los colores le parecieron más brillantes que nunca.


Un rato más tarde sintió los ojos pesados y arenosos. Que suerte, pensó, en ese momento poder dormir le parecía un enorme privilegio. Apagó el televisor, dio unas vueltas en la cama y, por primera vez, entendió el tema de Coldplay que decía ‘when you feel so tired but you can't sleep’. Abrazó una almohada y se quedó tarareándolo hasta quedarse dormido.


Bgrrr Bgrrr. Hija de puta, dijo Santiago entredormido. Después de unas semanas de ausencia, la paloma había vuelto y estaba arrullando en la cornisa de su ventana otra vez. Había probado espantarla con muñequitos de Star Wars, globos de colores, molinetes de viento, y hasta un globo amarillo con ojos de halcón que había comprado en una casa especializada en plagas; pero nada funcionaba, siempre volvía.


Decidió hablarle mentalmente. Le explicó acerca de las bondades de irse de forma pacífica, pero Lucy no captó sus pensamientos. Le había puesto el sobrenombre de su tía. Compartían la misma silueta en forma de pera y el mismo andar; por cada paso que daba, Lucy balanceaba la cabeza hacia delante y hacia atrás como si tuviese una ruedita y alambres internos que sincronizaba con los pies.


Pensó en agarrar la pistola de gas comprimido que tenía en el cajón de las medias, pero le pareció algo extremo, aunque recordó las innumerables veces que tuvo que desarmar el nido en el motor del aire acondicionado, tirar los huevos y limpiar el balcón. Sabía que con levantar la persiana y ahuyentarla se iría, pero también sabía que solo le daría unos minutos de ventaja. Así y todo hizo el intento. Odiaba tener razón para las cosas malas. Lucy volvió arrullando más fuerte y sin descanso, pero a Santiago no le importó, esta vez tenía algo que no podía fallar.


Salió al balcón del tercer piso con su silla de camping, el ipod, el mate y una porción de brownies locos. Todavía era de noche, aunque el canillita ya había abierto el puesto de diarios y el portero manguereaba la vereda mientras escuchaba la radio por un auricular. Tiró algunas migas por la cornisa y se sentó a esperar. A los pocos minutos llegó Lucy. Miraba las migas de brownie ladeando su cabeza hacia un lado y hacia el otro, hasta que finalmente se animó a picotear. Una sonrisa oscura y maliciosa se dibujó en la cara de Santiago. Llegaron más palomas desde el cable de luz, Santiago esparció más brownie por la cornisa y tiró el resto a la calle.


Al rato, el día comenzó a aclarar y pudo ver cómo una paloma que planeaba hacia el cable de luz falló al intentar hacer su aterrizaje, pegó unos cuantos aletazos y retomó el vuelo. De a poco todas fueron teniendo un vuelo errático e impredecible, hasta que se escuchó el golpe de una que no llegó a despegar cuando venía un auto. En la vereda de enfrente, una señora gritaba y corría con una bolsa de pan en un brazo, y ahuyentaba a las palomas que la atacaban con el otro.


Los vecinos se refugiaban en el interior de comercios y edificios mientras miraban asombrados cómo las palomas impactaban los vidrios, dejaban la estampa de sus cabezas y sus alas desplegadas en pleno vuelo, mientras que otras estallaban los parabrisas de autos y colectivos. El tránsito se detuvo, y comenzaron los bocinazos.


Santiago se sentó en la silla. Se puso los auriculares, cebó un mate y se quedó contemplativo unos minutos disfrutando de su venganza mientras escuchaba los Beatles. Con suerte ya no volvería a ver más a Lucy. De a poco la calle volvió a la normalidad y el sueño lo invadió, miró la hora, todavía tenía tiempo de dormir un rato más.


Se desvistió y se metió en la cama. El recuerdo del mensaje escrito en el espejo volvió a atormentarlo. ¿Y si era un señal?, ¿y si Nati estaba esperando que él la fuese a buscar?, quizá todavía estuviese a tiempo de decirle todo lo que sentía por ella, lo mucho que disfrutaba de cosas ínfimas como mirar una serie juntos y de cuánto valoraba todo lo que había hecho por él. Se dijo a sí mismo que a la tarde le iba a mandar un mensaje para tomar un café, al menos quería intentarlo.


Escuchó ruidos que venían de la cocina, podía ser ella, todavía tenía las llaves. Pero era demasiado bullicioso para ser una persona. Se levantó y agarró la pistola de gas comprimido del cajón. Cuando se fue acercando pudo distinguir mejor el sonido. Entró en la cocina. Estaban por todos lados. En la mesada comiendo más brownie, dentro de la panera, arriba de la mesa. Se picoteaban entre ellas y aleteaban, comiendo y cagando como si fuese una plaza. Santiago no pudo más, cerró la puerta para que no se escapen y empezó a disparar. Las plumas saltaban por el aire, la sangre salpicaba los azulejos, menos mal que hoy viene la mujer que limpia. Las palomas fueron cayendo hasta que solo quedó una. Esa mancha en el pecho era inconfundible. Le apuntó justo ahí. Contuvo la respiración, las miradas se cruzaron y empezó a ejercer presión sobre el gatillo. Lucy lo miró de reojo, pestañeó y moviendo el pico empezó a emitir un sonido cada vez más fuerte: BIP, BIP, BIP, BIP.

Santiago se despertó sobresaltado y apagó el despertador, suspiró aliviado. Fue a la cocina, pero no había más que una pila de platos sucios y la ventana abierta golpeándose contra el marco. Se vistió, desayunó y apenas salió a la calle pudo ver el tendal de palomas por todos lados. Sus vecinas barrían y charlaban acerca de lo que había pasado. En un acto reflejo alzó la vista hacia su departamento. Lucy aterrizaba en su balcón con un ramita en el pico y la acomodaba en el motor de su aire acondicionado. Santiago sacudió la cabeza y sonrió. Al menos ella no lo iba a abandonar.

Onaikul

martes, 17 de diciembre de 2013

Divino encuentro.

Los hechos y personajes de este relato pertenecen al mundo de la ficción, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

Los sábados a la mañana hay un ritual tan sencillo como efectivo para arrancar sereno el fin de semana que me gusta cumplir a rajatablas. Simplemente me preparo un mate, agarro un libro, pongo música de relajación y me siento en mi sillón a leer; es mi momento, ahí me encuentro con las grandes mentes y escucho lo que tienen para contar, descubro como piensan, como analizan, y los siento mis amigos lo que dura la lectura del libro.

En medio de mi ritual suena el timbre, odio que me interrumpan, corta toda la magia. Lo dejo esperando al Dalai Lama en mi sillón rojo, me acerco al portero y pregunto quien es, una voz desganada y lejana me dice que el correo. Bajo firmo la planillita y me dan un paquetito lleno de sellos y estampillas, miro la procedencia y leo Netherlands, Amsterdam, no lo puedo creer ya lo daba por perdido, la magia de la globalización.

Agarro el celular y le escribo a Ivo, - Ivo llegaron las trufas, estas para esta noche en casa ? - Si, estoy, a que hora? -, - a las 21:00 te parece bien ? -, - Genial nos vemos a la noche - . Le escribo a Gus, – Gus llegaron las trufas, estás para hoy a la noche ? -, dejo pasar unos minutos y nada, me impaciento y lo llamo, – Boludo llegaron las trufas, nos juntamos a la noche? -, - Si baby, ya te dije que si – me responde, y aunque no logro entender a que se refiere prefiero coordinar los detalles para el encuentro de la noche.

Como era de imaginar Ivo llega puntual, sonriente con una caja de zapatos bajo el brazo y Gus como de costumbre unos cuarenta minutos tarde. Separamos las trufas en 3 partes iguales y comenzamos a comerlas, pocas veces comí algo tan desagradable, una avellana rancia humedecida en vinagre de alcohol con moho sería una leve aproximación. Ivo las come como caramelos, Gus y yo a las arcadas, pero cada uno se termina su porción, ahora a esperar.

Cuarenta minutos mas tardes los efectos comienzan a hacerse presente, la habitación empieza a hacerse mas larga, los colores de los sillones y los cuadros mas estridentes, la música simplemente nos inunda, nos hace parte, cada nota, cada instrumento nos envuelve en un torbellino en el que se confunden los sentidos, con solo cerrar los ojos se puede ver la forma, el color de la música y sus transiciones, imágenes caricaturescas aparecen alocadamente, formas geométricas y coloridas, los patrones del piso de madera y los azulejos del baño están llenos de vida, imposible no estallar en risas. Desde el balcón, las luces de la avenida parecen fundirse en un rio de lava en medio de un cañadón de edificios rodeado de árboles danzantes que se pierden en el horizonte. Ivo  abre su caja de zapatos y saca toda clase de artilugios; caleidoscopios, perfumes, cremas, café, aceites; y nos conduce como un chaman a experimentar la magia de los sentidos, pasado presente y futuro se funden en un instante y cual caballero de la armadura oxidada, una a una nuestras corazas comienzan a desvanecerse, adiós ego, solo queda el ser en contacto con la conciencia, nos ponemos filosóficos, sentimos el regalo de estar vivos.

Ya entrada la madrugada, preparamos un mate y fuimos a la terraza, la oscuridad fue dando paso a los primeros rayos de sol, la quietud era absoluta, la ciudad dormía. Para ese entonces pasaba por un momento difícil en mi vida en el que luego de la pérdida de mi mamá, mi papá agonizaba, me encontraba en un momento delicado en mi relación de pareja y me sentía estancado en mi trabajo. Me sentía abatido, solo y abandonado. Sin entender muy bien por que, en medio de tanta quietud, sentí la necesidad de gritar, de desahogarme, de enviar un mensaje al cosmos, y junte todo el aire que fui capaz de meter en mis pulmones, abrí los brazos al cielo, y con toda la fuerza que pude, grite a los cuatros vientos:

-       DIOS ESTAS AHÍ ?

Todavía con los brazos extendidos, sentí una vibración en mi bolsillo, era mi celular, quien podría ser tan inoportuno me preguntaba, tomé el teléfono, lo miré y las lágrimas comenzaron a brotar y rodar por mis mejillas, una oleada de paz como nunca antes había sentido me recorrió el cuerpo y sentí que me desplomaba. Gus se acercó y me preguntó – Amigo estás bien?-, - Si - le conteste – y le mostré la pantalla del celular.

-       Si, estoy ! – decía el mensaje enviado por el esa misma mañana en respuesta a mi invitación.

A los pocos días, luego de una charla, mi papá partió en paz, con el tiempo las cosas en el trabajo fueron mejorando y al año siguiente le propuse casamiento a la mujer de mis sueños ( quien por cierto dijo que si ).


Onaikul.

viernes, 12 de julio de 2013

La cartera de la dama, el bolsillo del caballero



Era un día primaveral, de esos que hacen que uno se sienta floreciente, acorde al resto de la naturaleza, en apariencia un día igual a cualquier otro, y comenzaba con una elección simple, tomar el colectivo o tomar el subte para ir al trabajo. El colectivo tenía un recorrido agradable y me garantizaba ir sentado, cómodo para leer, pero también tardaba unos minutos más, miré el reloj, no sobraba tiempo y ya había pasado la hora pico, mismo motivo por el que en el subte debería viajar tranquilo.

A veces me detengo a pensar en que cosas en un día son realmente significativas en el contexto de una vida, y me doy cuenta que pueden pasar muchos días, semanas, meses e inclusive años sin que nada trascendente suceda. Me refiero al tipo de cosas que vas a recordar después de muchos años, aquellas que pueden cambiarte el rumbo aunque sea un par de grados; el resto de los sucesos cotidianos considero que simplemente hacen que uno avance en la dirección en la que ya se encuentra. Sin embargo, ese día, en apariencia normal, mi rumbo cambió.

Saco plata del bolsillo, empiezo a contar los billetes y monedas y a hacer cuentas mentalmente mientras hago la cola, llega mi turno y le pido 12 boletos, - en cartoncitos de uno por favor -, - veintisiete con cincuenta - me dice, le doy siete con cincuenta, hago una pausa, le doy otros diez, hago otra pausa mas grande, y el tipo me mira, - que ? - le digo – si ustedes lo hacen, porque yo no? -, - nosotros somos los inventores pibe - me dice; me río, y le doy los otros diez, - siempre pensé que fueron los taxistas – le suelto y me voy para los molinetes.

Le hago una marquita en la esquina con una birome a mi boleto y comienzo mi experimento social, una aplicación sin sentido de lo que llaman ‘La teoría de las ventanas rotas’, que dice que si en un barrio, el frente de una fabrica tiene algunas ventanas rotas, es más probable que alguien arroje una piedra para romper otro vidrio, que si están todos sanos, teoría que aplico el Alcalde Rudy Juliani en Nueva York para imponer el orden en la ciudad comenzando por los pequeños detalles. Paso mi ticket y lo dejo apoyado en el espacio entre molinete y molinete, ahí nomas de donde sale la tarjeta.

El subte es uno de los pocos lugares en donde se pierde por completo el respeto, no importa si hay mujeres, si hay chicos o gente mayor, cuando las puertas se abren todos tratan de entrar primero, es una de esas cosas que uno no quisiese hacer pero si no lo hacés te quedas afuera o simplemente parado.

Hoy tuve suerte, la puerta se abre delante mío y tengo una fracción de segundo para ir a donde quiero sentarme, la gente se acomoda como si fuese agua que entra por las otras puertas. Los asientos en los que menos contacto físico tengo con otras personas sin dudas son los de las puntas, pero también son lo que más probabilidades tienen de que los tenga que ceder si sube alguna viejita, embarazada, o madre con niño en brazo. Y no es que no sea de los que seden los asientos, pero el viaje y el día van a ser largos y quiero ir leyendo. Por suerte hay un asiento en el medio de la fila que tiene un caño vertical para agarrarse y separa un asiento de otro, así que reúne las condiciones de menor contacto humano y menor probabilidad de tener que cederlo. Cuento las ventanas, la misma cantidad de siempre, por algún motivo siento un pequeño alivio, pero por las dudas las vuelvo a contar.

Se cierran las puertas y el subte comienza a andar, hago un breve paneo y me doy cuenta que le daría a casi todas las mujeres que hay en el vagón, me asombra notar que conforme avanza mi edad, más se extienden mis horizontes; recuerdo con ternura a un tío explicarme algo acerca de la belleza de la juventud, cuando me señalaba chicas jóvenes poco agraciadas; ahora lo entiendo, y pienso que es un factor más, de mi cada vez más amplio espectro.

Ni bien arrancamos comienza el shopping ambulante; debo confesar que tengo un cajón, el que va dos por debajo de los cubiertos, repleto de cosas compradas en el subte, linternas a led, a dinamo, tijeras, kit de costura, lapiceras y resaltadores, stickers, revistas de recetas, anotadores y un sinfín de otras cosas imprescindibles: soy una especie de shopaholic del subte, no puedo decir que no, algunos artículos los tengo más de una vez, como la linterna de leds, una para la caja de herramientas, otra para el cajón, otra para el auto y en algunos casos compro para regalar.

Siempre tuve cierta fascinación por los vendedores ambulantes; recuerdo con nostalgia los vendedores ambulantes de los colectivos, en épocas en que los colectiveros todavía cortaban boletos de colores y cobraran al mismo tiempo que manejaban, tenían toda una performance armada, iban de camisa y corbata, y siempre ‘como si esto fuera poco’, y ‘a modo de regalo por tratarse de una verdadera oferta’ seguían sumando artículos ‘para la cartera de la dama, el bolsillo del caballero’ y todo esto ‘por un módica suma’, simplemente geniales.

Ahora se perdió un poco esa magia, pero igual sigo admirándolos, no debe ser fácil pararse ahí por primera vez, supongo que la necesidad los debe haber llevado a eso, y creo que un poco especulan con que todos creamos eso, basta hacer números de la recaudación que hacen entre estación y estación, multiplicarla por ocho horas, por veintidós días para llegar a la conclusión de que los buenos vendedores ganan mas que muchos de nosotros.

En medio de todo esto, me encuentro fantaseando conmigo mismo como vendedor ambulante y me descubro hablando mentalmente con la gente, ahí parado, en medio del pasillo, pienso en que vendería y como lo haría; y caigo en la realidad que mayormente no es el mejor producto lo que mas vende sino como lo venden, si suena muy mecánico el filtro de la gente ni lo escucha, si el vendedor hace alusiones a cosas como drogas o enfermedades al presentarse, o si son niños, la gente puede sentir pena pero no son los que más venden, sin embargo hay unos pocos que logran captar la atención de todos sin importar que ofrezcan.

Se me ocurre algo interesante para ofrecer y empiezo con mi discurso mental, me siento confiado, seguro y así pasan un par de estaciones. Cuando termino con mi performance mental aplaudo para mis adentros, sonrió para mí mismo y me desilusiona el darme cuenta de que eso nunca va a suceder, - por que no? - me pregunto, - primero no tengo la necesidad -, me respondo, - segundo me tiemblan las piernas de solo pensarlo, tercero podría verme algún conocido -, y así una larga lista de argumentos. Pero la idea me provoca, mucho, demasiado diría, al punto que el corazón se me acelera de solo pensar que lo estoy evaluando seriamente, lo pienso unos instantes mas, me sonrió nervioso y me paro, solo me paro y me pongo en medio del largo pasillo, no puedo creer lo que estoy a punto de hacer; siempre me gusto eso de pensar en hacer algo que te de miedo, pero algo así ?, no podía empezar por sostenerle la mirada a la chica que se sienta enfrente hasta que ella la baje primero?, aparentemente no !


El corazón iba a mil por hora, tuve que respirar hondo disimuladamente un par de veces para bajar la frecuencia cardíaca, un par de personas comenzaban a mirar que hacía yo ahí parado en medio del pasillo, la visión se volvió borrosa, los sonidos parecieron atenuarse y lo único que escuchaba eran los latidos de mi corazón. Una vez escuche a un paracaidista de 93 años respondiendo que  tirarse en paracaídas era como besar a una mujer por primera vez, así me sentía yo, al borde del abismo, y sin mas que una amplia sonrisa, simplemente salté.

    –Buenos días, como están ?, espero que bien – al instante pude ver que capté la atención de algunos pocos, – esta vez no les vengo a vender nada – dije, como si alguna otra vez si lo hubiese hecho, - esta vez les voy a dar a cada uno de ustedes un regalo muy especial, que a su vez se lo van a poder regalar a las personas que quieran; a sus compañeros de trabajo, a sus parejas o a sus hijos -, en ese momento podía percibir cabezas que se levantaban de sus celulares y sus libros, - un regalo, que a pesar de regalarlo, van a poder conservar para ustedes mismos – la gente empezaba a sospechar, ya que solo tenía una mochila pequeña en la espalda y nadie te regala nada, ni en el subte ni en ningún lado, pero la curiosidad los podía más, y no tenían a donde ir, - les voy a regalar un cuento -, en ese momento muchas cabezas volvieron a sus celulares, pero otras tantas permanecieron alertas. – Esta historia que les voy a contar es verídica y se le atribuye a Charles Linbergh, el primer hombre que cruzó solo en avión el océano Atlántico, y cuenta que en su viaje, cuando ya se encontraba volando en medio de la inmensidad del océano, sintió un ruido en el avión que provenía de la parte de atrás, un ruido que minutos más tarde pudo identificar como el sonido de una rata royendo la lona del avión. Por un momento su miedo lo paralizó de solo pensar que si se hacia un agujero en el avión no llegaría a destino y se estrellaría en medio del océano, y que si dejaba los comandos para ir a buscar al roedor, también correría la misma suerte. Luego de pensar unos instantes, comenzó a subir lentamente con su avión hasta que el ruido no se escucho más, y termina su relato diciendo ‘cuando las ratas te acosen, vuela más alto, las ratas no soportan la altura’ -.

Las sonrisas fueron instantáneas y algunas personas más audaces hasta aplaudieron, ahí fue que rememoré a los viejos vendedores ambulantes y sentí que tenía que darles algo más – les gustó? – pregunte, y muchos asintieron con sus cabezas, y sin dudarlo continué – si me permiten tengo otro pequeño regalo para darles, y en esta oportunidad se trata de un cuento del Premio Nobel Gabriel García Márquez, y cuenta la historia de un científico que estaba en su laboratorio tratando de resolver los problemas del mundo, y como su hijo no paraba de molestarlo, tomó una revista donde había una imagen de la tierra, la corto en pedacitos, se los dio junto con un rollo de cinta adhesiva y le pidió que vuelva cuando hubiese terminado de arreglar la imagen; confiando en que le llevaría toda la tarde. Tamaña fue su sorpresa cuando al cabo de unos pocos minutos el chico volvió con la figura armada correctamente y al preguntarle el padre como había hecho, este le respondió – papá, yo no se nada acerca del mundo, pero detrás del mundo había un hombre, y al hombre si lo conozco, y me di cuenta que si arreglaba al hombre, arreglaba al mundo – .

Esta vez, las sonrisas fueron aun mayores y casi todos aplaudieron, la reacción de la gente fue automática y empezaron a sacar monedas y billetes para darme, no era mi idea en lo más mínimo, ni siquiera sabía cuál era mi idea, pero sentía que la gente me quería agradecer de alguna manera así que abrí mi mochila y empecé a pasar, saludando uno por uno, no lo podía creer, había sido increíble, me sentí una estrella por unos segundos, pero volví a la realidad, y volvió la timidez, tenía que salir ya de ahí; recorrí todo el vagón y los segundos hasta que llego la próxima estación fueron eternos. Salí del tren aunque no hubiese llegado a mi estación, me senté en un banco unos minutos y después fui a trabajar.

Ese día estuve todo el día repasando en mi cabeza lo que había hecho esa mañana y no podía creerlo, me sentía increíble al respecto, pero no tenía idea que había pasado y como me podía servir eso que había hecho.

Al volver a mi casa ese día, en la estación de subte pase por los molinetes y ahí estaba, mi experimento social había funcionado, ahí estaba mi boleto con su marca rodeado de muchos otros, la gente al ver que ahí ‘se podía dejar el boleto’ había dejado el suyo, la teoría de las ventanas rotas funcionaba, agarre los boletos los tire a la basura y me fui a casa.







Onaikul

viernes, 10 de febrero de 2012

A quien queres más ?.

Suena el despertador y a pesar de que te queda todo el día de trabajo por delante estas contento,  Es Viernes!!!. Podría decir sin temor a equivocarme que es el día más querido de la semana. Si me imagino a los días de la semana en filita, el día de los sorteos de nombres, imagino que el que todos soñaban con llevarse era el Viernes, y con el que nadie quería volver sin lugar a dudas, el Lunes. Aunque si lo pienso bien, el Sábado debería ser el más querido no?, mayormente no se trabaja, te podes levantar tarde, acostar tarde, es el día perfecto, deberíamos quererlo más a él…………….sin embargo mi corazón está en el viernes, no sé, siento que lo quiero más, sino me entienden, piensen solamente  en apoyar la cabeza en la almohada el viernes por la noche.

 Me parece que el mismo dilema existe con el Domingo y el Lunes verdad?......si lo pienso, el Lunes debería ser el día para odiar por excelencia, sin embargo el Domingo impone una especie de respeto y reverencia ancestral que infunde temor, y creo que tiene por lejos mas detractores que el Lunes, que en definitiva no parece tan malo, suele ser un día activo, y es a uno de los pocos que podes mentirle reiterada y descaradamente con cosas como ‘esta semana empiezo…..’.

Onaikul

domingo, 25 de diciembre de 2011

Acerca de la Generosidad

Les voy a contar una historia de cuando éramos chicos que me acorde hace poco. 

En nuestras casas, los recursos eran bastante limitados, no faltaba nada, pero tampoco sobraba nada, lo teníamos todo, pero había ciertas cosas que simplemente eran lujos. Si queríamos algo, teníamos que usar todo nuestro ingenio desde no comprar la golosina en el recreo, hasta ofrecernos a hacer los mandados para quedarnos con el vuelto y ser lo suficientemente evasivos como para que no nos lo pidan. Era común inclusive hacer cálculos de cuánto tiempo tenía que pasar para que juntásemos el dinero para comprarnos, un skate, una bici, una pelota, o una guitarra; y con esa motivación nos íbamos a dormir, así de pobres, así de ricos éramos.

Nosotros teníamos once o doce años más o menos y una salida increíble era juntarnos con amigos para ir a los fichines de Lavalle, que por fin podíamos tener fichines en Buenos Aires y no tener que esperar al verano para ir a jugar a Mar del Plata, esperamos tanto tiempo que saliera la Ley que permitía que haya casas de videojuegos en la Capital, que era como tener un Disney en Buenos Aires. Después era fija ir al Pumper o al McDonalds de la calle Florida frente a Galerías Jardín, que era paseo obligado para ir a jugar con las escaleras mecánicas, e ir a ver los peces de las fuentes del subsuelo, hasta que nos corría el guardia.

En mi casa éramos familia de comerciantes, mi papá tenia un 'Compro Oro' y todos los días era escuchar en la cena, historias de negocios, de regateo,  de compra, de venta; negocios y más negocios. En casa se respiraba comercio, todo era a cambio de algo entre mis hermanos, todo favor se cobraba, todo se negociaba, todo era una transacción comercial y más o menos así era en la casa de todos nuestros amigos.

En esa época era habitual que en los laburos pagaran una parte en Ticket Restaurant, o Luncheon Tickets, que eran un poco mas berreta pero igual servían. Y cuando alguno de nosotros tenía tickets que nos daba nuestro viejo o un hermano más grande que había empezado a trabajar, nos poníamos contentos porque era más o menos lo mismo que tener plata. Entonces pagábamos la comida de todos con los tickets y el resto nos daba su parte en efectivo. Así de simple, así de justo, así de claro.

Un día por primera vez uno de estos amigos tenía tickets, y estaba que se salía de la vaina de la felicidad, y tal como hacíamos siempre, pedimos; pero ese día pedimos todo lo que alcanzaba con los tickets, que era un banquete para nosotros, hasta pedimos postre y todo. Una vez que se pagó, cada uno iba contando el dinero que le correspondía para darle al dueño de los tickets, pero ese día el dueño de los tickets nos dijo - ‘No, dejen, yo los invito’ –. Ese día entendí por primera vez lo que era la Generosidad, de la manera más pura y genuina posible, la alegría de dar, sin esperar nada a cambio; y ese hecho insignificante para aquel chico de 12 años, me cambio para siempre.

Hoy, 23 años más tarde, ese chico todavía sigue siendo mi amigo y paradójicamente se asombra de las cosas que hago por mis amigos, sin darse cuenta de que ese árbol que en ciertos momentos felizmente ofrece su sombra sin esperar nada a cambio lo sembró el mismo.


Onaikul

jueves, 20 de enero de 2011

La gota que rebalso el vaso

De repente, ves a tu pareja atravesar la puerta, iracunda, gesticulando y haciendo ademanes con brazos y manos, ves la escena en cámara lenta, en blanco y negro y sin sonido. Al igual que en un orgasmo, podes predecir que esta por llegar, los síntomas son cada vez mas evidentes, respiración entrecortada, tensión en el cuerpo y en la cara, las venas del cuello marcadas y cierta aceleración y elevación en el tono de voz. Ves que no aguanta más, se cruzan las miradas y te lo larga ( la película vuelve a estar en velocidad normal, colores y con sonido ) ‘…porque es la gota que rebalso el vaso’. No es esta la escena que tienen en mente para esa frase?, si, la de que por una estupidez( la gota…), te largan toda la bronca que venían juntando (…que rebalso el vaso) ?.

Bueno analicemos la situación, vaso, canilla goteando, vaso debajo de la canilla, se llena el vaso, se arma esa especie de pancita que pasa el borde del vaso que nunca voy a entender como pasa, pero cuando los físicos o los cazadores de mitos del Discovery dicen que es por la tensión superficial todos ponemos cara de boludos y decimos ‘Ahhhh’ como si hubiésemos entendido algo. Bien, Por fin llega la puta gota de la discordia, cayendo a la aceleración de la gravedad, ajena de todo lo que va a desencadenar, feliz de reencontrarse con sus gotitas amigas, y que pasa?, casi nada, una, a lo sumo dos gotitas se escapan por los laterales del vaso. No se sienten decepcionados ?....o al menos un poco engañados o estafados ?, no se esperaban que la gotita hiciera que el agua saliera a borbotones del vaso?, acaso no es eso lo que se suponía que la gota que rebalsó el vaso hacía ?.

En algunas partes de Oriente se ve que nieva y seguido, porque los orientales no paran de romper los huevos con los copos de nieve, los meten en todos lados, en pinturas, cuentos, canciones, nombres y frases, y tienen una expresión muy acertada que dice ‘el copo de nieve que hizo ceder la hoja’, creo que es bastante gráfica no?, finalmente cae un copo que hace que por acumulación la hoja afloje y ahí si se larga toooooooodo lo que se venia juntando. Para mi, que un occidental se quiso hacer el canchero trasladándola a nuestras costumbres (nada de copos de nieve) y lo hizo como el orto, ahora se ve que era bueno con el temita del marketing porque a pesar de eso, logró imponernos a todos la fracesita de la gotita que rebalso el vaso. Así que la próxima vez que tu pareja te venga con eso de la gota que rebalso el vaso, la corregís como corresponde y le decís ‘el copo que hizo ceder la hoja’, después me contás como te fué.

Onaikul

jueves, 23 de septiembre de 2010

Por Diooooooooooos.

Se recomienda discreción a personas religiosas, este post puede dañar su sensibilidad (después, no me rompan las pelotas).

Martes 8:00 am, escuchando Onda vaga en el auto, rumbo al  microcentro por la Lugones. A mi izquierda se levanta un sol imponente sobre el río, mientras un avión despega del Newbery, camino hacia quien sabe donde.
Un momento de esos que se ven en películas Hollywoodenses, sólo me faltaba el descapotable rojo. En eso, en medio de todo ese mambo, me doy cuenta que alguien me ama y que debía sonreir, y que quien  me amaba era nada mas y nada menos que JESUS. Sí, sí, estaba escrito en un sticker en la luneta del Peugeot 504 negro (ex taxi), exactamente a mis 2.
Por un momento me puse contento, qué bien pensé, Jesús me ama. Esa sensación duró lo que dura una batata en la trompa de un chancho. Nada, porque me di cuenta que el auto de atrás lo iba a leer un segundo después, y Jesús lo iba a amar a él también. Y así con todos los autos y personas que se cruzara en el día, sumado a que ese calco seguramente lo tenían muchos, muchos otros autos.
Me hizo sentir poco especial, al final pensé, Jesús ama a todo el mundo. Imaginate que tu pareja viene y te dice que te ama, que linda sensación ¿no? Bueno, ahora imaginate que se lo dice a todo el mundo, te hace sentir por lo menos poco especial. Definitivamente.

Después, recordé la otra versión del mismo sticker, la que dice ‘Sonríe, Dios te ama’. Claaaaaaro dije, si son 3 en 1 (hasta que no me cruce en el super con un sobrecito de jugo sabor kiwi, mango y naranja, jamás había entendido eso del 3 en 1), definitivamente, lo estaban cagando al Espíritu Santo.¿O alguna vez vieron la que decía ‘Sonríe, el espíritu santo te ama’? Sean consistentes por favor.

Así que a la gente de Marketing de la iglesia un par de consejitos:
  1. Saquen de circulación esos stickers, si quieren ganar nuevos seguidores y conservar los que tienen.  No los hagan sentir poco especiales. En todo caso hagan unos que digan ‘Sonríe Jesús te ama sólo a vos durante todo el día’, o ‘En este momento Jesús te ama sólo a vos’. Quizás nos confunden y así pasan otros dos mil años.
  2. Lo de que Dios ama a todos los hijos por igual, no da. Cada padre tiene un favorito aunque lo nieguen y digan que quiere a todos sus hijos por igual. Blanqueen esa, no me digan que Dios me quiere igual a mi, que soy una persona decente (digamos), y fomente las buenas costumbres (ponele), que a un borracho violador de monjas. Así me quita las ganas de mejorar.
  3. El puesto número uno, como no podía ser de otra manera, se la lleva esa de no desear la mujer de tu prójimo, un disparate total. Es lo único que hacemos los hombres, ¿me están jodiendo? Es la razón de nuestro existir. La civilización humana no avanzaría sino fuera así. Esa no va más, diría un amigo. Así, les juro no van ganar adeptos nunca. De onda se los digo.
Amén

Onaikul

domingo, 22 de agosto de 2010

Just an a Idea...

Quizá la idea que más me seduce y me hace sentir que todo tiene un sentido, es la de pensar que soy un estudiante de una escuela muy particular.

Que día tras día me pongo el guardapolvo para ir a clases, sabiendo que definitivamente no soy el guardapolvo, y que después de cada jornada de estudio me lo saco para volver a mi verdadera casa.

Que nunca mejor dicho que esta escuela es mi segundo hogar.

Que no tiene sentido llorar a los maestros y compañeros al final de un ciclo, por mucho que los quiera y los vaya a extrañar, sabiendo inclusive, que a algunos seguramente los vuelva a encontrar en el período siguiente.

Que está bien que no recuerde cada lección anterior si conservo la enseñanza.

Que esta no es la única escuela, y que seguramente después de egresar, muchos se convertirán en maestros de esta u otras escuelas, o irán como alumnos a unas mas avanzadas.

Que no existen tiempos estipulados para aprender, inclusive, a lo mejor ni siquiera existe el tiempo.

Quizá esta idea sea una total y absoluta falacia. Sin embargo, de alguna manera que no puedo explicar, muy internamente, siento que todo cobraría sentido, y aunque la mayoría de las veces corra tras objetivos banales y me preocupe por sinsentidos, muy cada tanto puedo experimentar la increible sensación de liviandad y armonía que me da el pensar que estas ideas son algo mas que meras conjeturas.

Esta vez me despido con algo de música, a mi gusto, la pieza musical mas inspirada e inspiradora, de un tal Beethoven, le va a ir bien a este pibe..!!! espero lo disfruten.
Onaikul